viernes, 29 de diciembre de 2006

Almíbar para esta Navidad


Picándola fina, cantando un villancico, así parece que se vienen estos días de re-cogimiento, pese a lo que queramos.

De seguro debe ser la época. No hay otra explicación que la conjunción entre la respuesta química de mi cerebro a la primavera -entre otros componentes- unido a la cercanía de la Navidad lo que me tiene más sensible que insecto japonés a los terremotos. Si hasta me emociono con el "reclame" del oso de Ambrosoli.

Sin embargo, descubrí que es la época perfecta para ponernos en contacto con el metrosexual que todos llevamos dentro y exteriorizar, por que no, de una buena vez esta sarta de siutiquerías sentimentaloides dignas de teleserie de Moya Grau -de paso, se me cayó el carnét-, en esta oportunidad, con un clásico flick de un maestro del lagrimón bien logrado (chupate esa, Spielberg) como lo es Frank Capra (18/05/1897 al 3/11/1991), director de origen italiano más almibarado que Scola, Fellini y Benigni juntos.

Maldito Capra, luego de pillar en el cable "Que bello es vivir" (It's a wonderful life, 1946), no pude dejar de sentirme miserable por lo pueril y materialista de mi existencia. Podrían de seguro demandar a sus deudos por al menos publicidad engañosa, luego de verla, me di cuenta de que la vida real no tiene nada de maravillosa. En el TCH, o algo así, pasaron días atrás "Caballero sin espada" (Mr. Smith goes to Washington, 1939), otra mamonería, con otro mamón frente a las cámaras: Jimmy Stewart, quien hace más muzarañas que Jim Carrey para ganarse el papel melodramático que lo transformaría en el Rafa Araneda -pero con talento- de Hollywood por décadas.

No hay caso con Frank. Debe ser uno de los cineastas más melosos y sentimentaloides que ha existido, pero que se llevó el secreto de su formula a la tumba, tal como lo hizo el gordinflón Hitchckok, pero en otra liga. Capra es de esos cineastas simples, que saben contan una historia y emocionarte con ella, el último de los amantes a la antigua, de los caballeros nobles que salvaban doncellas en peligro, de aquellos que lograban sacarte una lágrima junto con un aplauso. De seguro quien ha sido el cineasta más "tierno" en la historia del cine, merece una oportunidad, un placer culpable como Capra es tan adictivo como un Red-bull con Vodka, una bolsa de Sunny, o esos suflés de maní que ponen en las fiestas para el bajón.

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