“Chiste repetido, sale podrido” dicen por ahí. Si Kiltro se reía de si misma y su precariedad, MirageMan no consigue ser medianamente graciosa, ni medianamente buena. Tanto así que la dupla paisana Zaror-Díaz podría calificar este film como una involución. Pero algo raro debe haber ahí, sino, no me explico como la crítica “especializada” ha calificado a este bodrio como una película más que aceptable. La única conclusión que tengo es que la pateadura no sólo se la deberían llevar los malos de la peli, sino que los pelotudos que la realizaron...Atrasados a la función de Viaje a Darlejing, de Wes Anderson –un realizador que si es de verdad- , decidimos junto a Franzani, el famoso rostro público de PCPQLee!, que en nuestro precario estado era mejor ver el producto nacional que tan buena recepción había tenido en los medios locales.
No obstante, luego de bostezos y silencios, y en síntesis: una hora y media de lata. La corazonada de que uno está botando la plata se transforma en certeza a minutos de comenzado el metraje.
Kiltro lograba empatía por que era un relato lúdico, que mostraba códigos que el público manejaba y entendía, mezclando elementos en un pastiche multirreferencial como los que suele hacer Tarantino, pero con el valor agregado de la localía. Mirageman se queda en las ganas, en una copia pobre del relato superheroico, en un molde que hemos visto hasta la saciedad tanto en la última entrega de Batman, como en la secuencia de Spiderman, pero por más que intente ser graciosa, no logra atrapar. Es tan escaza la formación cultural de nuestros realizadores que constantemente vemos como están rindiendo “tributo”, o lisa y llanamente, choreando de al lado, tratando de armar algo que pase por propio.
Y no es sólo la pobreza de recursos aplicada por Diaz en el relato, sino también Zaror no está a la altura, es como ver a La Roca tratando de hacer Shakespeare, no es posible que un “cabeza de músculo” –muy a su pesar, si quiere ser un artista serio- lleve el peso dramático de un film.
Pero también son presa de este síndrome del pálido reflejo sus personajes, de los cuales todos son caricaturas, sombras chinas que intentan ganar vida en la pantalla a partir de caracterizaciones a medias tintas, sin ninguna profundidad, que naufragan en el intento de hacer de esta la propuesta chilena de acción para el mundo, pues están en un barco que hace agua por todos lados.
Como su nombre lo indica, MirageMan es sólo un espejismo, un intento fallido de imitar una buena película de cine, pero es también un pobre retrato de Chile, construido sobre una falsa premisa que es la falta de seguridad de los chilenos, tesis que los mismos medios “satirizados” en el film han tratado de perpetuar. Se salvan las coreografías de acción, que pese a los intentos del director por socavarlas, terminan siendo sin querer un pilar del relato, sea cual fuere este.
Le doy 3 de 10 oreos, todo por que es chilena...





