
Hay algo curioso en "El Hijo", la película belga que le sucede a "El niño", de tardío estreno en nuestro país, escrita y dirigida por Jean-Pierre y Luc Dardenne.
La cámara, siempre en movimiento, siempre espiando, nos transforma en mudos testigos de la vacía y solitaria existencia de Olivier, un hombre grueso, cansado, que enseña carpintería a jóvenes en riesgo social, al momento en que debe aceptar en su clase a Francis, un joven hosco y un poco lento, quien viene recién saliendo de la correccional.
El vínculo que une a Olivier y a Francis es poderoso, y actúa como catalizador de un dilema moral -o una serie de ellos- al cual se enfrenta el protagonista, a riesgo de parecer estar a ratos perdiendo su cordura.
Una película íntima, con un ritmo naturalista y una cámara persistente, que nos hace reflexionar acerca del perdón, del amor y de lo que nos motiva a vivir día a día, pese a lo oscuro que el devenir se torne.
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