
Sin embargo, es curioso que esta visión del dictador africano que distituyó al presidente socialista Obote, con ayuda de Occidente, provenga de también de un documentalista. Es curioso princiaplmente por dos aspectos: la cinta está rodada con la vorágine e inmediatez del lenguaje del documental, del registro in situ de los hechos, prueba de ello es su estética granulada y cámara flotante.
El segundo punto es exactamente lo contrario, un outsider, de un "sistema" cinematográfico de otro mundo, es quien observa esta situación, y para se desdobla en un médico escoces bastante pelotudo.
Amin es tan interesante como la mayoría de los dictadores y tan patético también como todos y cada uno de ellos, surgen por la misma razón, queriendo tener un pene más grande y más erecto para fornicarnos a todos a la vez, pero bien podría haber sido la historia de Videla, Pinochet, Chávez, Castro, Stalin o Bush.
Verla da la sensación de el niño rico va a visitar el barrio pobre para saber como es, Marlen viaja en Metro para evaluar el Transantiago y toda esa mierda.
Bien por Whitaker, que si bien no está en su mejor actuación, si se nota maduro, lo cual lo está llenando de tics, tal como le pasó a Pacino, De Niro y a todos los grandes.


